Low Cost Festival, la crónica

Benidorm es aún la meca del turismo europeo de paquetes de sol y playa. Una urbe costera desprovista de encanto visual a no ser que se sea amante del kitsch. Pero eso no espanta a millones de visitantes. Cualquier bar es una torre de babel, con idiomas que van del ruso al portugués. Una ciudad con una idiosincrasia que parecía alejarla de los circuitos de la música llamada alternativa. Hasta este pasado fin de semana: el viernes y el sábado se celebró allí el Low Cost Festival que tenía como principal atractivo lo que dice su nombre: abonos a un precio bajísimo. 45 euros para dos días con presencia de 40 bandas españolas y anglosajonas. Y ha resultado un éxito de asistencia. Las 25.000 entradas, 12.500 por jornada, ya estaban agotadas un mes antes de su comienzo.

Placebo convocó a 8.000 devotos que les aclamaron con inusitada pasión

En teoría se trataba de su segunda edición, pero el primer festival se celebró en 2009, en Alicante y era mucho más pequeño. En su renacimiento los programadores han demostrado una gran intuición para descubrir que atrae al público. Porque en principio los grandes nombres de su cartel no resultaban especialmente llamativos. El viernes, las estrellas eran Editors, un grupo británico que empezó hace cinco años siendo una imitación de bandas que copiaban el sonido gótico de los ochenta. Con el tiempo han tenido la mala fortuna de desarrollar su propia personalidad, que resulta todavía bastante menos atractiva que cuando se dedicaban a imitar. Sin embargo, en Benidorm, triunfaron.

El sábado, mandaba Placebo, contemporáneos de Oasis, hace una década que paso su mejor momento. Aun así reunieron a 8.000 devotos que les aclamaron con inusitada pasión. Por debajo, media docena de artistas foráneos menos conocidos -Raveonettes, vive La Fête, 1990,s, The Chemistry Set o Adam Green- cuyos conciertos no pasaron de ser, en el mejor de los casos, entretenidas medianías. Se salvaron These New Puritans, a pesar de que su concierto estuvo lastrado por varios problemas técnicos que les impidieron mostrar todo lo que da de sí una propuesta única. Art rock intenso basado en sincopados ritmos de baile.

Pero sobre todo el Low Cost confirma que hay una elite de grupos españoles que no necesitan el reclamo de bandas extranjeras para convocar por sí mismos a miles de fans. En esta categoría entran Los Planetas, que ya no son aquellos ácratas que convertían cada concierto en un acto de pasión sino una banda fiable; Love of Lesbian, cuya popularidad parece reproducir el fenómeno boca a boca que el año pasado protagonizaron Vetusta Morla, con los que comparten público; Iván Ferreiro, el hombre que escribe las letras más pasionales de España y que las interpreta de forma más sentida; e incluso Lori Meyers, que parecen haber abandonado el gueto indie gracias a su nuevo álbum.

Que fueran ellos el principal reclamo puede explicar el bajísimo porcentaje de público extranjero. Los asistentes tampoco eran los turistas que llenan las playas, sino una amalgama de jóvenes llegados expresamente para el festival desde localidades cercanas como Alicante o Valencia, pero también desde Madrid y Barcelona. Se atribuye al Low Cost un alza del 22% en la ocupación de campings y apartamentos y de un 20% la de los hoteles. Gracias al festival, el mes de julio cerrará con un 4% más de ocupación que en 2009. Daba la impresión de que gran parte del público se acercó a Benidorm porque habían renunciado a asistir al FIB, que se ha ganado una reputación de cita para hooligans borrachos de la que le va a costar desprenderse. Y como echan de menos esa cita y aunque esto no es lo mismo, a falta de pan…

Todo en un recinto, que, asombrosamente, está en el centro urbano de Benidorm. Si la tendencia es llevarse los certámenes lejos de núcleos habitados, los tres escenarios del Low Cost estaban dentro del parque de L’Aigüera, rodeado de viviendas y hoteles, con el escenario principal situado en la Plaza de Toros de Benidorm y el segundo en tamaño, en el Auditorio Julio Iglesias.

Un busto del intérprete de La vida sigue igual, a la derecha del escenario y oculto de la vista del público, era el único recuerdo de que ese lugar fue la sede habitual del Festival de la Canción de Benidorm, desaparecido en 2006. El Low Cost le ha tomado el relevo. Al parecer, visto el éxito, durante al menos varios años más.

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