Crítica de… No hay bestia tan feroz, de Edward Bunker

Libro: No hay bestia tan feroz

Autor: Edward Bunker

Editorial: Sajalín Editores

Año: 1973 (reeditado en 2009)

No hay bestia tan feroz que no conozca algo de piedad. Así comienza el libro, con un fragemento de la escena  segunda del acto primero de la obra Ricardo III. El directo de cine, Quentin Tarantino dijo: ‘la mejor novela criminal en primera persona que jamás haya leido’, y el escritor de novela negra James Ellroy culminó: ‘Simplemente, una de las más grandes novelas criminales de los últimos treinta años; posiblemente la mejor novela sobre los bajos fondos de Los Ángeles’. Ante esta introducción, ¿qué decir de la obra de Edward Bunker?

Seré conciso porque yo, un humilde y discreto lector y, en ocasiones, intento de escritor, no quiero aburrir a nadie opinando sobre un libro. Sobre cine, sin embargo, si me atrevería a aburrir a más de uno. Al grano. Edward Bunker relata de forma minuciosa y analítica el oficio del atracador a mano armada. La figura de ese hombre que, bajo un sol de justicia, se enfunda una pistola y decide atracar una tienda de ultramarinos. Paso a paso, con detalles que sólo un atracador conocería y con un lenguaje directo pero sin llegar a ser soez. Intimista, en ocasiones sentimental y realista. Así es la obra de Bunker que nos presenta con un personaje: Max Dembo.

No sé si es la mejor novela criminal jamás escrita en primera persona. Sé que durante sus 411 hojas he disfrutado como un enano. Maldecía al servicio de trenes cuando llegaba a mi parada porque necesitaba leer más sobre Dembo, ese personaje de Los Ángeles que intenta reinsertarse en una sociedad que no le admite. Al final la cabra siempre tira al monte. Y ese puede ser un buen punto y final para una obra que te mantiene el vilo hoja tras hoja. ¿Morirá? ¿Le pillarán? ¿Lo hará?, son preguntas que te harás durante toda la novela. Retrato intimista de los bajos fondos, del subsuelo social, de las drogas, los asesinatos, los atracos y la cárcel.

Jamás encontré sobre unas líneas una explicación más explícita, sincera y realista de como un drogadicto llega a chutarse heroína en las venas. Su preparación, su colocación, su introducción y sus consecuencias más inmediatas. Sólo alguien que lo ha hecho varias veces o lo ha visto hacer en numerosas ocasiones, puede escribir de forma tan real un hecho tan doloroso, polémico y, por desgracia, cotidiano para muchos.

Pues ya lo sabeis. Si os gusta la novela negra, no dudeis en darle una oportunidad a Edward Bunker y la obra No hay bestia tan feroz. Ahora voy a por mi tercer libro del escocés Ian Rankin, Resurreción.

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