Entrevista a Martin Scorsese en el estreno de Shutter Island

No os la perdáis por favor, ni la película ni la entrevista que el periodista del diario ABC Juan Sardá ha hecho a Martin Scorsese sobre el estreno de su última película, Shutter Island, en la que participan, entre otros, Leonardo Dicaprio, Max von Sydow y Ben Kingsley. Además del encuentro con el director, el periodista también entrevista a Dicaprio. Ninguna tiene desperdicio.

MARTIN SCORSESE

“Busco a los personajes que sufren para ver cómo se enfrentan al dolor”


Nueva York. Últimos días de enero de 2010. Martin Scorsese llega a la entrevista rodeado de un dócil séquito de asistentes integrado por publicistas y ejecutivos de estudio. Su nueva película, Shutter Island, ya va a toda máquina: el momento culminante será su presentación mañana fuera de concurso en el Festival de Berlín, desde donde saldrá propulsada para poder verse en las salas de todo el mundo el próximo viernes 19 de febrero. Tranquilo pero muy expresivo, el director de películas como Taxi Driver, Toro Salvaje y Uno de los nuestros se esconde detrás de sus ya clásicas gafas de pasta para hablarnos de las características de sus nueva película, un thriller psicológico con homenajes al cubismo de Braque y Picasso y al mundo literario de Kafka, Camus o Poe. Los actores DiCaprio (fijo ya en la filmografía de Scorsese), Max von Sydow y Ben Kingsley completan el reclamo de Shutter Island.

Imaginar la filmografía de Martin Scorsese (Nueva York, 1942) supone adentrarse en uno de los universos artísticos más fascinantes de las últimas décadas. Gran padrino del cine estadounidense junto a Francis Ford Coppola y Steven Spielberg, Scorsese ha dirigido algunas de las mejores películas de la historia del cine: Taxi Driver (1976), Toro Salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990) o Gangs of New York (2002) por citar sólo algunos de sus títulos más destacados. El director regresa ahora a las pantallas tras haber obtenido un abrumador éxito, y su único Oscar, con Infiltrados (2006). Mañana en Berlín y el próximo viernes en todo el mundo, incluida España, se estrena su nuevo encuentro con Leonardo DiCaprio, su actor fetiche, y el resultado es Shutter Island, un thriller psicológico basado en la novela de Dennis Lehane con el que pretende repetir la misma jugada maestra de su filme sobre policías y ladrones: cultivar un género popular y trascenderlo.

El director aparece un gélido sábado de enero con su estampa característica de intelectual enjuto de Manhattan: traje ceñido, gafas de pasta y ojos escrutadores. El fuerte frío no le impide aparecer encantador: “Es un magnífico día de invierno en Nueva York”, espeta con una media sonrisa. “Este frío es bueno para mantener vivo el espíritu”. Tranquilo, aunque con las manos inquietas, Scorsese se muestra cortés. Habla de sus películas en plural, como si además de suyas fueran de muchos otros que colaboran con él, a veces desde hace años. También lo hace con una cierta distancia e ironía, como si no fuera consciente de su importancia en el imaginario colectivo.

Los demonios del suspense
De hecho, en un momento de la entrevista, dice: “Nunca vuelvo a ver mis películas. Hacerlas lleva como mínimo un año; no sólo las dirijo, también las monto. Uno realmente vive en ellas durante mucho tiempo. Por ello, cuando terminamos el proceso, se acabó. De todos modos, nunca pienso que están terminadas. Creo que viven en mí. Pienso en ellas todo el tiempo, las tengo muy presentes. Por eso detesto verlas como unas obras acabadas, que es lo que en realidad son”.

Con Shutter Island Scorsese se aparta sólo de forma aparente de lo que quizá muchos esperan que sea una película de Scorsese. Hay policías, empezando por el propio potagonista, Teddy Daniels (DiCaprio), y hay suspense, pero en esta ocasión las fuerzas de la ley no luchan contra mafiosos ni el suspense tiene que ver con una amenaza externa como en El cabo del miedo (1992) sino con los demonios del propio protagonista. Daniels es un hombre torturado por un pasado que el filme sólo irá avanzando de forma progresiva y que acabará dando una nueva interpretación a una trama que hace del misterio su santo y seña: “Lo que más me interesaba de este proyecto era la idea de la percepción. La forma en que una misma realidad es vista desde ángulos completamente distintos”, explica Scorsese con ciertas dosis de filosofía.

Así, Teddy Daniels-DiCaprio pasa a formar parte de la larga lista de personajes en el abismo que han sido una de las marcas autorales más relevantes del maestro. Del psicópata enamorado de Taxi Driver pasando por los rasgos obsesivos y paranoides del mismo De Niro en El rey de la comedia (1983) hasta llegar a su demoledor biopic sobre el multimillonario Howard Hughes en El aviador (2002), Scorsese es un especialista retratando a hombres desequilibrados. Una querencia que el cineasta resuelve de forma concisa: “Sencillamente, busco a personajes que sufren para ver cómo se enfrentan a ese dolor”.

En esta ocasión, la impresión de ahogo existencial se ve enfatizada por el paisaje de esa ‘Shutter island’ del título, una pequeña y siniestra isla en la costa de Boston donde están recluidos los criminales con problemas mentales más peligrosos de Estados Unidos. Todo sucede, además, en los años 50, época en la que la psiquiatría seguía rigiéndose por parámetros siniestros, la guerra fría estaba en su apogeo y muchos hombres, como el protagonista, seguían en estado de shock por su participación en la II Guerra Mundial.

El cubismo en el cine
– Tanto la estructura de la película como la propia composición de las imágenes recuerda a la pintura cubista…
– Ésa ha sido la principal fuente de inspiración. Hay un excelente documental reciente, Picasso and Braque go to the movies, de Arne Glimcher, en el que se explora la influencia del cine primitivo sobre el cubismo. Desde que leí el guión, he visto las imágenes de esa manera. Sobre todo, a Braque. Este es mi homenaje al maestro.

– Al mismo tiempo que hay una indagación formal, la estructura y el tono remiten al thriller clásico.
– Es un acto de equilibro constante entre la parte emocional de la historia y ese marco formal. Ha sido un verdadero reto integrar esas influencias y, al mismo tiempo, que la película respirara. Además del cubismo, hay otros referentes que surgen del propio argumento. Ahí está esa casona en medio de una isla inhóspita. Todo ello te conduce hasta la literatura del siglo XIX y hacia lo gótico. Eso, sumado a la tortuosa trayectoria psicológica del protagonista, te lleva al expresionismo alemán. Me vino a la cabeza en seguida El Gabinete del Doctor Caligari. Esta película, al final, habla de emociones muy básicas como la culpa o nuestra incapacidad para enfrentarnos a los hechos.

Ecos de Polanski
Scorsese, uno de los directores de cine con un bagaje audiovisual más sólido (como su imprescindible documental y libro Martin Scorsese. Un recorrido personal por el cine norteamericano, editado en España por Akal), asegura haber revisado muchas otras películas para este trabajo: de La semilla del diablo de Polanski explica haberse fijado en “la forma fascinante en que se comportan los secundarios”, una ambigüedad moral que traslada de forma explícita a la galería de tenebrosos “malvados”, de Ben Kingsley como doctor Cawely a Max Von Sydow pasando por una corte de enfermeros siniestros.

Scorsese cita también los filmes de terror producidos por Val Lewton y dirigidos por Jacques Tourneur a principios de los años 40 como La mujer pantera (1942) o Yo anduve con un zombie (1943), a los que adjudica “unos títulos horribles pero grandes dosis de poesía”. Y el director proyectó a su equipo, en sesiones nocturnas, más títulos que debían servirles de guía: Laura (1944), de Otto Preminger; La casa encantada (1963), de Robert Wise, o el documental Titicut Follies (1967), de Robert Wiseman.

Una historia gótica
– Hay algo en el filme que remite también a autores como Kafka, Camus o Poe.
– Desde luego. Eso se ve muy claro en la novela de Lehane, que yo no conocí hasta después de leer el guión. Teddy Daniels tiene una conexión obvia con el Mersault de El extranjero, y la referencia a Kafka es ineludible cuando manejas un material como éste. Estamos ante una historia gótica teñida de romanticismo, puro Poe.

Es curioso que el cineasta obvie con un desconcertante movimiento de cabeza la indiscutible querencia pulp de Shutter Island, un filme afectado y ruidosamente melodramático que recuerda poderosamente al trabajo de Roger Corman o al Hitchcock de Recuerda (1945) sumado a ese personaje tortuoso que también remite a figuras del cómic como Batman o The Spirit.

El filme reproduce el clima de paranoia nuclear de los años posteriores a la caída de Hitler. Pero Scorsese también prefiere obviar este punto: “Seguro que hay connotaciones políticas pero no soy consciente de ellas. Cuando estudié el guión no había leído la novela y lo que me interesó no fue su dimensión política sino la odisea que atraviesa el personaje. Además, me emocionó mucho el final de la historia. Aunque, desde luego, hay un contexto”. Y lo deja en tres larguísimos puntos suspensivos. Muchas veces, da la impresión de que Scorsese sobre todo tiene ganas de hablar de los artistas que ama y no tanto de su propio trabajo. Y mucho menos de política.

– Siguiendo con los referentes pictóricos, también hay algo de Magritte. Esa isla grotesca parece a ratos una construcción de la imaginación del protagonista. Desde luego, el tono no es realista.
– Esta es una película sobre la que resulta difícil hablar. Lo que estamos haciendo es mezclar el paisaje con el interior emocional del personaje. Y hay más ángulos, como el doctor Cawley. Todo eso lo trabajamos mucho desde el diseño de producción. ¿Es realmente la isla tan pedregosa? ¿Existen las verjas? ¿Es el despeñadero tan alto? Desde luego, yo no tengo ni idea.

Lugares comunes

– Es su cuarta colaboración con Leonardo DiCaprio tras Gangs of New York (2002), El aviador (2004) e Infiltrados (2006).
– Fue a partir de la segunda película, cuando supe que Leonardo era el actor que estaba buscando. Hay una escena en El aviador, en la que está solo en una sala de proyección y comienza a hablar consigo mismo. Allí me di cuenta de que estábamos llegando a ciertos lugares interesantes. Creo que Shutter Island es nuestra mejor película. Lo bueno de Leonardo es que es muy valiente. Cuando le pides que vaya a algún sitio insospechado, lo hace sin dudarlo. Claro que algunas veces también tienes que pedirle que vuelva. Nos entendemos muy bien -remata con una irreprimible risotada-.

Ben Kingsley y Max von Sydow son dos incorporaciones ilustres al reparto. El actor británico borda su importante papel como enigmático doctor y el segundo presta al filme su habitual carácter intimidatorio. Scorsese trabaja con los actores de una forma especialmente estrecha, dejándoles una enorme libertad para que sean ellos mismos quienes también le hagan comprender la dinámica interior de la película: “El amor y la compasión del doctor Cawley es algo que aprendí con la interpretación de Ben Kingsley. Mi primera impresión de ese personaje fue muy confusa: ¿Quién es ese hombre? ¿Qué es lo que quiere? Uno aprende mucho con los actores…”.

Sobre Sydow también se deshace en elogios: “Max es uno de los mejores actores del mundo. Quiero trabajar con él desde El séptimo sello o Las fresas salvajes. Siempre he sentido una gran afinidad con el cine de Bergman y la sensibilidad escandinava. Creo que es parte de la historia del cine, un icono. Lo más sorprendente es que no cambia absolutamente nada de expresión cuando se enciende la cámara. No mueve un solo músculo, sigue siendo exactamente él mismo”.

Interesante y salvaje

– Para la música ha vuelto a colaborar con el músico de folk canadiense Robbie Robertson, con el que lleva trabajando desde Toro Salvaje…
– Nos basamos en música sinfónica moderna que tenemos tanto Robbie como yo. Pasamos tres meses escuchando e investigando. Es el caso de Fog Tropes de Ingram Marshall. Se trata de algo muy interesante y salvaje. Creo que refleja a la perfección la forma en que el subconsciente de Teddy observa esa isla.

Scorsese, maestro del cine, desaparece seguido por su séquito de publicistas, asistentes y ejecutivos del estudio. Así funcionan las cosas a lo grande, en cuanto se acaba el tiempo, la estrella desaparece. Fugaz. Sin mirar atrás.

De Robert De Niro a DiCaprio

En Nueva York también pudimos hablar con Leonardo DiCaprio (Los Ángeles, 1974), “muso” de Scorsese y uno de los mejores actores de su generación. Para la estrella, su personaje en Shutter Island “ha sido uno de los trabajos más difíciles de mi carrera. La dificultad surgía de que, al tratarse de una especie de puzzle, cada pieza debía encajar de una forma perfecta en todos sus aspectos. Además, todas las escenas funcionan en distintos niveles”. “Es un filme -explica- con muchas capas. Me sorprendió la profundidad que le dimos a nuestro trabajo. De hecho, hasta que comenzamos a rodar no entendí plenamente el significado de la película”.

El actor, como es lógico, está encantado de su fructífera colaboración con Scorsese, con el que ya ha rodado cuatro películas seguidas: “Para mí es muy simple. Creo que es el mejor director de nuestro tiempo. Este tipo de relación tan intensa ya la tuvo con De Niro en los inicios de su carrera y de ella surgieron algunos de los filmes más memorables de la historia del cine. Scorsese da toda la responsabilidad a los actores y los hace grandes. Su forma de trabajar es la colaboración y eso te lleva a lugares insospechados. Es una experiencia catártica”, afirma el actor con perceptible satisfacción.

Más info, aquí.

LEONARDO DICAPRIO

“Rodar Shutter Island ha sido un sufrimiento feliz”


Quienes vaticinaron que Leonardo DiCaprio (Hollywood, 1974) sería sólo un chico guapo del cine estadounidense se equivocaron. El actor ya demostró su talento innato en sus primeros filmes, títulos como Vida de este chico (1993) o ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993) en los que brillaba como una estrella adolescente.

El fenómeno Titanic (1997) estuvo a punto de arrasar con él, pero Scorsese se cruzó en su camino y desde entonces ambos mantienen una colaboración excelsa: Gangs of New York (2002), El aviador (2004), la oscarizada Infiltrados (2006) y, ahora, Shutter Island, en la que DiCaprio se mete en la piel de un atormentado agente del FBI que aterriza en una tenebrosa isla de la Costa Este copada por un hospital psiquiátrico en el que están recluidos los enfermos mentales más peligrosos de Estados Unidos.

El astro recibe a El Cultural en Nueva York en una gélida tarde de invierno. Simpático y dicharachero, luciendo los kilos de más que ya se han convertido en parte de su estampa, y muy dado a soltar risotadas sin mayor motivo aparente que su propia felicidad, DiCaprio se avino a hablar sobre su nueva película, Scorsese y los parches de nicotina.

– En Shutter Island volvemos a verle en la piel de un hombre con un profundo desarreglo psíquico, en la línea de otros personajes suyos como el Howard Hughes de El aviador o el protagonista de La playa (2000). ¿Siente una especial atracción hacia este tipo de caracteres?

– No creo que tenga una tendencia consciente a interpretar a personajes retorcidos. No puedes evitar sentirte emocionado por lo que te emociona. Y en el caso de Shutter en seguida me emocionó la travesía de este hombre que poco a poco va descubriendo su propia verdad, sus propios traumas del pasado, en esa misteriosa Shutter Island. Realmente recorre un largo camino hasta descubrir quién es. De hecho, hasta que rodamos muchas de las escenas y estuvimos en el set no entendí de una forma profunda qué está pasando por su cabeza y cómo se estructura la historia.

– ¿Cuál fue la principal dificultad?
– La historia nos llevó a sitios que no preveíamos. Al tratarse de una especie de puzzle cada pieza debe encajar de una forma perfecta en todos sus aspectos, no puede fallar nada porque si no todo se cae. Cada escena era la más importante de la película. Yo le decía a Martin: ¿Esto es fundamental? Y él me decía: absolutamente. Y así siempre. Es un filme con muchas capas, que se adentra cada vez más profundo. Me preocupaba que mi actuación fuera un testamento al brillante guión original. Al final, fue una gran sorpresa lo lejos que llegamos.

– ¿Interpretar a un personaje tan torturado supone algún tipo de desgaste personal?
– Cuando era joven, Michael Caton Jones me dirigió en Vida de este chico. Yo era un chaval de 19 años que no sabía comportarse en un set y la calidad de mi actuación dependía demasiado de mi estado de ánimo. Y él me dijo: “Mira, una cosa es el dolor o la angustia que puedas sentir ahora, y otra una película. Porque ese dolor pasará pero la película permanecerá por siempre. ¡Así que deja de hacer tonterías!”. No creo que haya sido una experiencia difícil pero sí creo que es uno de los personajes que más he trabajado. Podemos hablar de un sufrimiento feliz, porque desde luego ha requerido por mi parte un enorme grado de concentración. Cada escena funciona en múltiples niveles, lo que convierte el proceso en algo interesante y fascinante.

– Lo onírico tiene un papel crucial en el filme, ¿con qué sueña usted?
– Nunca he soñado mucho y además no los recuerdo jamás. No sé qué puede significar desde un punto de vista psicológico, pero es la verdad. Sólo una vez, cuando estaba intentando dejar de fumar, me dejé los parches de nicotina puestos una noche y tuve unas pesadillas horribles con asesinatos en masa.

– Es su cuarto filme con Martín Scorsese…
– Para mí es muy simple. Creo que es el mejor director de nuestro tiempo. ¡Por el amor de Dios, es Scorsese! Creo que este tipo de relación tan intensa ya la tuvo con De Niro en los inicios de su carrera. Todo el mundo sabe que de esa colaboración han surgido algunos de los filmes más memorables de la historia del cine. Martin da toda la responsabilidad a los actores para crear el personaje y los coloca en el centro del proceso ya que desarrolla la narrativa a través de nosotros. Realmente, él mira a través de los actores, nos hace grandes. Su forma de trabajar es la colaboración y eso te lleva a lugares insospechados. Es una experiencia catártica que te permite meterte en la piel profunda de los personajes.

– En Shutter Island se encuentra con otro grande del cine, Max Von Sydow…
– Uno puede notar la presencia y el poder de Max Von Sydow incluso cuando está de espaldas. Tenía que compartir una escena con él, te remueve tanto, que me impuso. Aunque él no me recordaba, yo le conocí cuando tenía unos ocho años. Mi abuelo fue actor y coincidí con él en el festival de Karlo Vivary. Tenía una foto con él, se la enseñé y se quedó de piedra.

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