Jason Schwartzman, el galán favorito del otro Hollywood

Ahora que se habla del Festival de Sundance, fundado por Robert Redfort y del que os hablaré un día de estos, es el momento de hablaros de Jason Schwartzman y su cine indie ahora que estrena lo último de la HBO, la serie Bored to death, que esta semana se estrena en España en la Paramount Comedy (lunes, 25 enero a las 22.30 horas).

Como muy bien dice El País, Jason Schwartzman era el sobrino de Coppola, pero también el feo de la clase. Nunca aspiró a suceder a Brad Pitt. Sin embargo, hoy es el galán favorito del otro Hollywood.

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La primera vez que Jason Schwartzman (Los Ángeles, 1980) se sintió como un investigador privado tenía 10 años. La MTV escupía sin cesar Smells like teen spirit, de Nirvana. “De pronto me di cuenta de que había un mundo más allá de Milli Vanilli”, cuenta el actor desde su casa en Los Ángeles. “No me malinterpretes. Yo era muy feliz escuchando pop hortera. Pero algo me decía que tenía que ir más allá. Empecé a comprar revistas. En una entrevista, Kurt Cobain hablaba de otros grupos: Dinosaur Jr., Pixies… y del álbum blanco de los Beatles. Y yo pensé: ‘Guau, ¿qué coño es un álbum blanco?’. Automáticamente, me convertí en investigador”.

“Desde niño me sentí diferente. Las chicas que me gustaban nunca me correspondían. En vez de tomármelo a la tremenda, opté por hacer reír”

Esta anécdota de la era pre-Internet ha guiado sus pasos hasta el día de hoy, en que protagoniza su primera serie de televisión para el prestigioso canal de pago HBO. En Bored to death (traducible como Muerto de aburrimiento) interpreta a un escritor de Brooklyn a quien abandona su novia y, para llenar su vacío, pone un anuncio en la Red ofreciendo sus servicios como detective novato. Ejerce de álter ego de un escritor real, el creador de la serie, Jonathan Ames, una celebridad a pequeña escala en Nueva York que alcanzó cierta notoriedad por publicar en prensa crónicas sobre sus hazañas urbanas: desde someterse a colonoscopias hasta salir de marcha con travestis.

A través de los ojos de un neurótico posmoderno, la serie traza la cartografía del Nueva York más hip: de las redacciones de la Quinta Avenida a los bares rusos de Brighton Beach, de los cafés macrobióticos de Brooklyn a las galerías de arte del Meatpacking District. “Me encanta sentirme como un auténtico neoyorquino. Para la primera temporada alquilé un apartamento en Dumbo [una zona industrial tomada por artistas junto al puente de Brooklyn], pero rodamos tan aprisa que apenas tuve tiempo de disfrutarlo. Además, mi mujer [la diseñadora de moda Brady Cunningham] y mi perro [un bulldog francés] se quedaron esperándome en Los Ángeles. En un par de semanas regreso a rodar la segunda temporada, pero esta vez nos trasladamos toda la familia. Dado el éxito, tenemos más tiempo y presupuesto”.

Sus escuderos en esta historia son Ted Danson (que alcanza de nuevo la gloria televisiva gracias a su participación en Damages y el caprichoso editor de Bored to death) y Zach Galifianakis (el nuevo rollizo cool de la industria por su memorable intervención en Resacón en Las Vegas, que aquí hace de dibujante de cómics con problemas maritales). Schwartzman confiesa que su interpretación está inspirada en el Philip Marlowe plasmado por Robert Altman en El largo adiós y en el detective nouvelle vague de Besos robados. “Le puse a Jonathan esta peli de Truffaut porque no la había visto y automáticamente se convirtió en su favorita. A los pocos días apareció en el set con una pila de copias en DVD porque quería que la viera todo el equipo. Jonathan [quien, por cierto, ofició la boda de Schwartzman el verano pasado] y yo compartimos nuestra devoción por las novelas de detectives. Son una combinación perfecta de poética y realismo hardcore. Y las únicas que te permiten decir algo tan cursi como ‘era una mujer, pero parecía un mirlo solitario’ y lograr que suene creíble”.

Narizón, bajito, judío. Las coñas a costa de Schwartzman en la serie son perfectamente extrapolables a lo que podría depararle la vida real en un mundo tan cruel como Hollywood. De no ser porque pertenece a la más alta estirpe: los Coppola. Para él, Francis Ford no era el autor de El padrino, sino “ese tío capaz de cocinar una comida deliciosa para toda una familia italiana”. Su padre, Jack Schwartzman, produjo películas como Bienvenido Mr. Chance o Nunca digas nunca jamás. Y su madre, Talia Shire, fue la esposa de Rocky Balboa. Su prima, Sofia Coppola, le calzó los tacones y la peluca de Luis XVI en María Antonieta. “Nunca le estaré lo suficientemente agradecido por hacerme más alto a ojos del mundo”, se mofa, consciente de que no responde al estereotipo de un potencial protagonista. “Es algo en lo que procuro no pensar demasiado. Cuando llamo a mi agente porque me interesa un papel, muchas veces su respuesta es: ‘Bueno, antes tiene que responder este tipo que ha hecho tres pelis que cada una ha recaudado 120 millones de dólares’. Y entonces pregunto: ‘¿Y si al tipo no le gusta?’. ‘Entonces llamarán a estos otros cinco”.

Quizá por esta intuición evitó pensar en el cine. “Desde niño me sentí diferente. Me interesaban cosas que otros consideraban chorradas y me gustaban chicas que nunca me correspondían. Y tenía la mala suerte de que solían gustarles mis amigos. Se me acercaban y me decían: ‘¿Puedo preguntarte algo?’. Y justo cuando habían alimentado mis ilusiones acababan: ‘¿Tu amigo tiene novia?’. En vez de tomármelo a la tremenda, opté por hacer reír a la gente”.

El plan B para ligar era tener un grupo. A los 14 años fundó Phantom Planet. Con ellos firmó, por ejemplo, el tema de la serie The O. C., pero tuvo que dejarlo una década después por no poder atender todos sus compromisos. Aunque mantiene su afición con un proyecto en solitario donde él compone y graba todo: Coconut Records. Es el autor del tema principal de Bored to death y ha colado canciones suyas en Monstruoso, Spiderman 3 o Hazme reír. Incluso ha grabado junto a Evan Dando y Ben Lee. “Tío, sin música sería un hombre incompleto. La estudio todo el tiempo para perfeccionar mi técnica”.

Siempre supo que quería trabajar en el mundo del espectáculo, “pero pensaba que la mejor aportación que podría hacer sería ejercer como animador de un equipo de baloncesto o fútbol americano”. Fue su madre quien cambió su visión del cine. “Yo veía pelis por puro entretenimiento, hasta que a los 16 años me alquiló Harold y Maude [una atípica historia de amor entre un adolescente y una anciana cuyo rastro se puede apreciar en la producción de su amigo Wes Anderson], Tarde de perros [con un Pacino haciendo de atracador de bancos por amor a un transexual] y El graduado [el bautismo de fuego de Dustin Hoffman en brazos de Mrs. Robinson]”.

De inmediato, Hoffman se convirtó en su líder espiritual y, con el tiempo, también el actor con el que se ha ganado más comparaciones. “Y me encanta que lo hagan, aunque no le llego ni a la suela. He visto todas sus películas y leído todo sobre él. Por eso, cuando trabajamos juntos en Extrañas coincidencias me puse supernervioso. No por él, que es un encanto, sino por mí. Cada vez que empezaba a contarme algo, yo le interrumpía. Decía: ‘Cuando me mudé a Italia…’, y yo le cortaba: ‘Sí, tenías 25 años y bla, bla, bla…’. Fui un plasta”. Confiesa que puede llegar a ser obsesivo. “Mis amigos se ríen de mí porque leo libros sobre grabaciones de discos que no he escuchado o rodajes de películas que nunca he visto. Me interesa más el proceso que el resultado”.

Puede que Hoffman fuera su inspiración, pero fue su prima Sofia quien le dio el empujón al presentarle a Wes Anderson. Schwartzman tenía 18 años y realizó su particular relectura nerd de El graduado en Academia Rushmore. Su colaboración con el director continuó al coprotagonizar y cofirmar el guión de Viaje a Darjeeling. Y se extiende hasta Fantastic Mr. Fox, la adaptación en stop motion de la novela de Roald Dahl, que se estrena aquí en abril. “Wes Anderson es mi mejor amigo. Ésa es la única clave para explicar por qué nos gusta trabajar juntos. Ahora vive en París, y cada vez que nos encontramos me doy cuenta de lo mucho que le echo de menos”.

Pronto le veremos junto a Michael Cera, Kieran Culkin y Anna Kendrick en la adaptación del cómic Scott Pilgrim vs. the world. Y en breve rueda junto a Jason Segel y Jonah Hill un alocado viaje por el mundo titulado The adventurer’s handbook para el que anuncia acabar con su inmutable melena Beatle. ¿Cómo le veremos? “¿No querrás desvelar el misterio antes de tiempo, verdad?”, dice, subrayando su tono de detective de sucesos absurdos.

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